Galtzagorri es una de las tres cuadrillas de blusas y neskas que mantienen txistularis
En unas fiestas de La Blanca en las que las txarangas son ya protagonistas habituales del sonido de las mañanas, tardes y noches de las cuadrillas de blusas y neskas, todavía hay quienes mantienen una música más ligada a la tradición. Galtzagorri es una de las tres cuadrillas de Vitoria-Gasteiz que continúan saliendo con txistularis, junto a Petralak y Zoroak.
La historia de Galtzagorri se remonta a finales de los años setenta, aunque existe cierta duda entre 1978 y 1979 sobre cuál debe considerarse exactamente el año de su creación.
Según explica Jokin Marañón, miembro de la cuadrilla, todo comenzó cuando varios amigos que coincidían en las ikastolas y participaban en los actos de Santa Águeda fueron juntándose: “Empezó como una cuadrilla en la que se fueron juntando amigos de amigos, de otros conocidos… y decidieron crear una cuadrilla”.
Como tantas otras cuadrillas, el germen terminó tomando forma entre conversaciones y encuentros en los bares, hasta que decidieron montar una propia.
La cuadrilla Galtzagorri durante la jornada del 5 de agosto. Pilar Barco
Por aquel entonces, además, las txarangas no tenían la accesibilidad de hoy y resultaban más caras, por lo que el txistu era la opción que acompañaba a la mayoría de cuadrillas gasteiztarras.
Galtzagorri mantuvo aquella fórmula con el paso de los años, mientras otras fueron incorporando txarangas para ponerle ritmo a las fiestas. “Se decidió mantener la esencia de aquellos años, de lo nuestro. A la hora de tomar la decisión, aunque las txarangas están bien, se mantuvieron los txistus y hasta hoy en día”, explica Marañón.
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La diferencia no está únicamente en el instrumento. En Galtzagorri, los txistularis forman parte de la propia cuadrilla y son socios de ella, una característica que consideran fundamental para mantener esa manera de vivir las fiestas y el espíritu de pertenencia de la cuadrilla.
La música se integra así en el grupo en lugar de funcionar como un elemento contratado para momentos concretos, y permite conservar, según Marañón, “una cuadrilla más cercana y pequeña”. “Los txistus son parte de la cuadrilla”, resume.
Esa cercanía se refleja también en sus números. Un día de fiestas como el 5 de agosto, día de La Blanca, uno de los que más gente reúne, Galtzagorri puede alcanzar los 150 miembros. De ellos, alrededor de una treintena son músicos, aunque la cifra puede variar con la incorporación puntual de algún txistulari de fuera.
Foto de familia de la cuadrilla Galtzagorri el 5 de agosto Pilar Barco
El objetivo, además, es mantener una dinámica en la que blusas, acompañantes y músicos compartan el mismo espacio y se conozcan entre ellos.
Las fiestas se esperan durante todo el año, pero especialmente durante los últimos meses, cuando el trabajo de preparación se intensifica.
“Llegas con muchas ganas después de un año de espera”, reconoce Marañón. Él mismo ha vivido esa espera con ganas, conforme se acerca La Blanca, aumenta la impaciencia por que llegue el momento de comprobar que todo lo preparado durante los meses anteriores funciona. Y, después, las ganas continúan incluso cuando las fiestas avanzan hacia el final.
Cuenta con lista de espera y evita incorporar de golpe grupos numerosos
Aunque durante La Blanca la cuadrilla no organiza un gran número de actos propios, su actividad no se limita a los paseíllos. Entre Santiago y las fiestas, cuando el calendario festivo queda algo más vacío, integrantes de Galtzagorri organizan desde hace siete años el Galtzagorri Rock, un festival de rock celebrado en la sala Urban Rock de la capital alavesa en el que participan tres grupos cada edición. A la cita acuden tanto miembros de la cuadrilla como personas de otras cuadrillas y aficionados a la música.
En la Catedral se baila al son del txulalai
Pilar Barco
Durante las fiestas, además, Galtzagorri participa junto a otras cuadrillas en actividades como las goitiberas, las olimpiadas y juegos entre cuadrillas o el torneo de bolos, citas en las que también tienen presencia cada año.
Y mientras la música de sus txistularis sigue marcando el paso, la cuadrilla mantiene también una forma concreta de crecer. Cuenta con lista de espera y evita incorporar de golpe grupos numerosos de amigos para favorecer que quienes entran puedan relacionarse con el conjunto de la cuadrilla.




