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“Tenemos una ilusión que me recuerda mucho a la que había en los inicios de Celtas Cortos”

por Carlos González
8 agosto, 2026
in Cultura, Okondo

En plena celebración de los 40 años del nacimiento de Celtas Cortos, el grupo de Valladolid regresa a la capital alavesa para actuar en Fueros

La plaza de los Fueros acoge este sábado el último concierto de medianoche de La Blanca, un broche que pone Celtas Cortos, que regresa a la capital alavesa en plena celebración de su cuadragésimo aniversario. Será el momento de recordar temas que han atravesado generaciones y también compartir las últimas creaciones de la banda de Valladolid, todo un referente de la escena estatal.

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De nuevo en la carretera y llegan a una Vitoria en fiestas. ¿Esto de trabajar mientras el resto está en pleno jolgorio, cómo se lleva?

–Estamos tan acostumbrados a esto, que no lo pensamos. Empezamos siendo unos chavalillos y llevamos 40 años, o sea, que lo raro es lo que nos pasó el año pasado, que no tocamos en verano después de 30 años sin parar, bueno, salvo en pandemia. Fue una decisión premeditada porque queríamos potenciar este 40 aniversario pero es verdad que fue raro lo de no estar en la carretera. Estamos muy acostumbrados a vivir en ruta en esta época del año. Además, vas con el aire acondicionado en la furgoneta y se llevan mejor estos calores (risas). Este año estamos de nuevo a tope, con la ilusión que siempre tenemos, porque te aseguro que eso no desaparece. No se nos quita la sensación de ser unos privilegiados, de poder salir a un escenario, hacer tu música y que la gente siga queriéndote. Este año es muy especial, emotivo, en el que estamos disfrutando a tope.

Pero estar todo el día en la furgoneta tiene que cansar.

–Creo que fue Sabina el que hace muchos años dijo que a él le pagaban por viajar, no por tocar. La gente no se imagina lo que es esto, también porque está muy mitificado. Alguna vez, a gente cercana, le hemos invitado a venir con nosotros a compartir una semana y descubre muchas cosas de lo que es una gira. Son muchas horas, mucha convivencia, el saber dónde parar a comer… Somos, más o menos, camioneros, nos sabemos los mejores atajos de las carreteras, dónde están las obras, dónde se come bien en carretera… Yo es algo que disfruto. A pesar de los años y de que el cuerpo no aguanta tanto como antes, de momento lo llevamos muy bien. Luego llega el momento del concierto y eso es lo mejor, el gran colofón. Eso sí, al día siguiente, vuelta a empezar. Esto es como el Tour de Francia (risas).

Los primeros pasos

Cuando aparece en escena Celtas Cortos, a mediados de los 80, lo cierto es que el grupo es un rara avis. ¿Les sorprendió el éxito que tuvieron?

–Sí, por supuesto. Éramos muy jóvenes, vivíamos –y vivimos– en Valladolid, nos conocimos en el instituto, tocábamos en los bares y donde nos dejaban en la calle. Empezamos haciendo música instrumental, investigando y descubriendo esa fusión de tocar instrumentos más tradicionales o más étnicos o más folk junto a sonidos de guitarra distorsionada, metiendo batería y bajo. Estábamos descubriendo ese rock celta y cómo lo podíamos llevar a nuestro campo sin complejos. Era una época de eclosión musical en cuanto al pop rock, el momento de las movidas de Madrid y de Vigo. Todo nos influía de alguna manera, por supuesto. Pero es verdad que nosotros éramos otra cosa. Éramos una gente rara de provincias que hacía una música en la que había pop rock junto a flautas, gaitas, acordeones, violines y mucha gente decía: ¿qué es esto? (risas). También las letras eran peculiares. En el momento en el que la radio nos dio acogida y empezamos a sonar a nivel nacional, aquel sonido llamó mucho la atención y a partir de ahí empezaron a salir conciertos, que fue muy importante porque a mucha gente nos la ganamos en los directos. Celtas es un grupo de directo, de vivirlo viéndonos, de ver cómo lo sentimos, cómo sacamos todos nuestros instrumentos, toda la gente que somos. Desde ahí, fuimos haciéndonos un hueco en este mundillo.

Celtas Cortos Cedida

Hoy, en esos conciertos, hay también gente de 20 años.

–Nos pasa mucho. Nos encontramos con un abanico de edades entre el público muy grande. Celtas es algo que, en cierta medida, ha pasado de padres a hijos, de gente que lo vivió a tope con nosotros y eso le marcó tanto que en el momento en el que han tenido hijos lo han querido compartir con ellos. Pero es que esos hijos también van creciendo y a veces incluso hay nietos ya por los conciertos. Eso es lo más maravilloso que te pueda pasar. Es verdad que no estamos ahí, en la cresta de la ola, ni somos una música que la gente joven escucha, pero sí que nos conocen más de lo que a veces pensamos. Para nosotros lo importante es que la gente nos vea en directo. Ahora nos meten en muchos festivales y hay mucha gente joven que nos descubre ahí. Ven una gente divertida, con una música diferente, con un montón de instrumentos que pueden ver en directo, que es algo que cada vez es más difícil por desgracia.

«Empezamos siendo un grupo de amigos. Eso ha hecho que la convivencia y el exceso de trabajo se haya llevado de una manera más natural»

Pero tiene que acabar uno hasta las narices de tocar ‘20 de abril del 90’ o ‘Cuéntame un cuento’.

–(Risas) Hemos pasado alguna etapa en la que es verdad que hemos tenido un poco de hartazgo. Pero luego comprendes que hay canciones que la gente tiene tatuadas. Empiezas a tocar ese tema, ves la reacción del público… es que es una gozada. Es lo mejor que te puede pasar como creador. Hace tiempo que tenemos un repertorio que navega siempre entre esos 10 o 12 temas que nosotros llamamos obligados, pero le decimos así con cariño, y otro mitad que depende un poco de la época en la que estemos o si hemos sacado un trabajo nuevo. También tienes que poner en valor lo nuevo que haces. Somos un grupo que ha seguido sacando discos, ha seguido haciendo muchas cosas. Somos conscientes de que la repercusión mediática y popular de esos últimos trabajos no es la misma que en aquella década gloriosa de los 90. Pero necesitamos seguir trabajando, seguir haciendo canciones. Y hay mucha gente que nos sigue que lo agradece. Claro, este año estamos de celebración y estamos haciendo un recorrido por toda nuestra historia. Es una gozada, de verdad. Dices: madre mía la que hemos liado siendo nada, creando una realidad de un sueño que parecía imposible de conseguir. Valoramos muchísimo lo que tenemos y lo trabajaremos hasta que podamos y hasta que la gente no se canse.

¿Es una celebración de estos 40 años desde la nostalgia o es también una puesta en valor del presente?

–Las dos cosas. Nos gusta más mirar hacia adelante. Pero es importante no perder de vista lo que has hecho. En todo lo que has hecho hay un aprendizaje que debes tener presente. Aprendes de los errores, de los aciertos, de tocar en directo… y ahora del contacto con la gente a través de las redes sociales, por ejemplo. Como te decía, somos más de mirar hacia delante y ya tenemos pensados otros pasos a dar. Siempre intentamos proponer cosas un poco diferentes, a pesar de que hemos hecho mucho y de que, a veces, es difícil darle más vuelta de tuerca a esto.

Evolución de la música

Si le llegan a hablar en el 86 de Instagram… ¿El de las redes sociales e Internet ha sido el cambio más grande en este tiempo para la música?

–Sí, sí. Es que nosotros venimos de lo analógico, de grabar las maquetas en los casetes, que era lo que podías escuchar en el coche, se ponía en los bares, se vendía en las gasolineras… Es más, cuando Celtas Cortos empezó estaba dando los primeros pasos el CD, que ya era un primer concepto digital. Pero claro, luego, ese mundo digital evolucionó a una velocidad de vértigo. La industria, la promoción, la difusión… todo eso se ha transformado muchísimo. En las redes sociales intentamos manejarnos, pero, obviamente, nosotros venimos de donde venimos. Entendemos lo que hay y nos hemos ido adaptando. Eso sí, lo que no queremos es que nos quiten la música en directo. No queremos que nos quiten los instrumentos en directo, cuyo sonido nace del aprendizaje y de la magia de las personas. No es algo que salga de una máquina. Bueno, y ahora con la IA, ni te cuento. Nosotros seguiremos intentando demostrar que hay mucha naturalidad en lo que hacemos y que la magia de la música es la transmisión entre personas; hay una energía y una magia que creo que se pierde con las máquinas y espero que eso se siga notando todavía.

De aquellos Celtas del principio, se mantiene…

–Te diría que se mantiene bastante. Primero porque nosotros empezamos siendo un grupo de amigos. Eso ha hecho que la convivencia posterior y el exceso de trabajo que hemos tenido se haya llevado de una manera más natural. Somos gente bastante tolerante, que entiende las necesidades personales por encima de las laborales. Hemos tenido esa sensibilidad con todas las personas que han estado en el grupo y con todos los que llevamos con esto desde tantos años. Todo eso se mantiene. La ilusión, también. Te puedo asegurar que estamos ilusionados cada vez que hacemos un proyecto nuevo, estamos ilusionados con esta gira, con los diez músicos que somos este año en el escenario. Ante cada proyecto que hacemos, tenemos una ilusión que me recuerda mucho a esa ingenuidad y a esa ilusión de los inicios. Y ojalá sea algo que no perdamos en el futuro.

Después del concierto en los Fueros, ¿se podrá disfrutar algo de fiesta o…?

–En eso sí hemos cambiado (risas). Hace años sí juntábamos mucho la noche y el día. Pero ahora eso se hace alguna vez excepcional. Intentamos descansar más porque el cuerpo te lo pide. Hombre, tras el de Vitoria no tenemos concierto hasta el 11, así que… (risas).

Carlos González

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