El conjunto albiazul sólo ha ganado en dos de los últimos nueve estrenos de liga en Primera DIvisión, casualmente ambos con el Levante como adversario
No son los estrenos ligueros lo que mejor se le da al Deportivo Alavés en la historia reciente en la máxima categoría del fútbol nacional. Y es que en las últimas nueve campañas en Primera sólo ha logrado sacar adelante dos de esos enfrentamientos. Casualmente ambos ante el mismo equipo, el Levante. Lo hizo la pasada temporada al imponerse por 2-1 en Mendizorroza e igualmente en el curso 19-20 batiendo al cuadro granota por 1-0 también ante la afición vitoriana.
La otra ocasión en la que al menos salió airoso y sumó un punto fue casualmente la primera vez de la historia reciente en la que regresaba a la élite futbolística. Un gol de Manu García en la recta final del encuentro le dio al entonces conjunto dirigido por Mauricio Pellegrino un empate en el Vicente Calderón ante el Atlético de Madrid. Un primer punto de los 55 cosechados al final del ejercicio y que le sirvieron para certificar con holgura y cierta brillantez la permanencia.
Como colofón a aquel campeonato y en ese mismo escenario, jugaría el cuadro albiazul la final de Copa del Rey ante el Barcelona, perdiendo por 3-1. Pero los dos siguientes comienzos de curso fueron diferentes, al caer primero ante el Leganés por 1-0 y un año más tarde ante el Barcelona por 3-0. Tropiezos ante un rival directo y otro candidato a todo que acabaron igualmente con el objetivo de la permanencia conseguido, aunque con cierta zozobra en la campaña 2017-18, donde Luis Zubeldia y De Biasi fueron sustituidos en el banquillo a las primeras de cambio, recuperando Abelardo a un moribundo conjunto que acabaría la temporada con más holgura de la esperada y soñando incluso durante alguna fechas con la posibilidad de pelear por un puesto europeo.
Dos cursos más tarde llegó el primer triunfo en la jornada inaugural de esta época reciente, cortando una dinámica que hasta entonces había sido errática. Un solitario gol de Joselu sirvió para doblegar al Levante, provocando la primera alegría de la parroquia vitoriana durante aquel ejercicio. Fue la primera de las once dianas del delantero de Stuttgart, quien junto a su socio en el ataque Lucas Pérez se convirtieron en una de las parejas más sólidas en el aspecto ofensivo de aquel campeonato.
Los siguientes dos arranques de la competición volvieron a tornarse decepcionantes. Ambos además en casa. Primero ante el Real Betis (0-1) y doce meses después ante el todopoderoso Real Madrid (1-4), aunque las sensaciones de uno y otro encuentro fueron más bien distintas. Con el añadido de que la goleada encajada ante los blancos sería el preludio de un penoso curso que desembocaría con el descenso a Segunda tras seis temporadas entre los grandes del fútbol nacional.
De nuevo hasta tres entrenadores pasaron por el banquillo de Mendizorroza, aunque esta vez no se produjo el milagro de la salvación. Final con el mismo signo que el inicio, en una dinámica que ya se había recordado entre los aficionados vitorianos, quienes rumiaron la tristeza de verse de nuevo en el segundo escalafón del balompié español.
Aunque pocos meses después volvieron a ilusionarse, gracias al estreno victorioso en campo del Leganés (1-2) con Luis García Plaza como entrenador. Resultó entonces ser un comienzo esperanzador para que lo acabaría llegando meses después en campo del Levante casualmente, con el gol de Villalibre en el descuento y el posterior retorno a Primera División.
La desilusión del comienzo liguero se apoderó de nuevo de la hinchada albiazul, con los tropiezos inaugurales ante el Cádiz (1-0) hace tres temporadas y contra el Celta de Vigo hace dos (2-1), aunque de nuevo el Levante mordería el polvo en ‘Mendi’ (2-1) hace doce meses para cortar la racha.
