La competición estadounidense afronta esta semana un debate sobre las jugadoras trans que trasciende las pistas y enfrenta inclusión, igualdad competitiva y política
La WNBA se ha convertido en las últimas semanas en un nuevo escenario de la batalla cultural que divide a Estados Unidos en torno a la participación de deportistas trans en el deporte femenino. Lo que comenzó con unas declaraciones de Sophie Cunningham, jugadora de las Indiana Fever, ha terminado obligando a la liga a afrontar una cuestión que hasta ahora permanecía en segundo plano: quién puede jugar y bajo qué condiciones.
La comisionada Cathy Engelbert ha decidido mover ficha. La WNBA reunirá esta semana a presidentes y directores generales de sus franquicias para analizar la situación. Engelbert ha defendido la necesidad de preservar la «integridad» de la competición y garantizar una «competencia justa», aunque reconoce que se trata de una cuestión «compleja y matizada».
Cathy Engelbert, comisionada de la WNBA. LaPresse
Cunningham abrió la polémica al defender que las niñas y las mujeres no deberían competir contra «hombres biológicos». Sus palabras provocaron protestas durante los desplazamientos de Indiana por distintas ciudades y respuestas dentro de la propia liga. La entrenadora de Minnesota, Cheryl Reeve, defendió la protección de los menores trans, mientras otras jugadoras mostraron públicamente su apoyo a la comunidad trans.
Un reglamento ambiguo
La controversia ha crecido además por un vacío en la normativa. Las reglas de la WNBA establecen que solo las mujeres pueden jugar en la liga, pero no especifican los criterios relativos a la identidad de género o al sexo asignado al nacer. Ese hueco ha sido aprovechado por los exjugadores de la NBA Enes Kanter Freedom y Royce White, que se han declarado elegibles para el próximo draft al asegurar que se identifican como mujeres.
EXCLUSIVE: Former NBA first-round pick Royce White says he’s declaring for the 2027 WNBA Draft, claiming he now identifies as transgender for the purpose of playing professional basketball.
The 6-foot-8 former Houston Rockets draft pick follows fellow former NBA player Enes… pic.twitter.com/yUI8NdoiaX
— Fox News (@FoxNews) 8 de agosto de 2026
El asunto también ha generado tensión en los propios pabellones y ha convertido una cuestión deportiva en parte de la batalla política estadounidense. La propia Cunningham ha reclamado que los medios vuelvan a hablar de baloncesto, mientras la asociación de jugadoras (WNBPA) ha advertido de que sus integrantes no serán utilizadas como «peones políticos».
Caitlin Clark, principal estrella de Indiana, ha optado por mantenerse al margen. La jugadora considera que corresponde a las ligas y a los organismos rectores encontrar una solución, mientras el foco de las deportistas debe estar en el baloncesto. Pese a ello, el debate ha traspasado las fronteras de la WNBA, con figuras como Kyle Kuzma cuestionando públicamente la respuesta de la competición.
Un caso que crece
En paralelo, el nombre de Julie Tétart ha ganado repercusión en las redes sociales. La pívot francesa, de 34 años, se ha convertido en uno de los rostros más visibles del debate después de firmar una temporada destacada en la Ligue Féminine 2 con el Monaco. Sus números explican buena parte de esa atención: 21,2 puntos y 20,2 rebotes por partido, cifras que le permitieron liderar ambas estadísticas en la competición.
A transgender player has been dominating France’s second-tier women’s basketball league, and now the WNBA question is front and center.
Julie Tétart averages 21 points and 20 rebounds this season while sweeping Player of the Year, Defensive Player of the Year and Domestic Player… pic.twitter.com/NCXYqei4Um
— Fox News (@FoxNews) 4 de agosto de 2026
Tétart se declaró trans en 2021, después de haber competido durante años en categorías masculinas, y regresó posteriormente al baloncesto femenino. Su rendimiento le valió los reconocimientos de Jugadora del Año, Jugadora Defensiva del Año y Jugadora Nacional del Año. Su nombre incluso ha aparecido en conversaciones sobre un posible salto a Estados Unidos, aunque no existe ningún interés oficial conocido de una franquicia de la WNBA.
Una decisión mal tomada
La cuestión también plantea un problema para la negociación colectiva. Engelbert ha recordado que las reglas de elegibilidad de la WNBA forman parte del acuerdo entre la liga y el sindicato de jugadoras, por lo que cualquier cambio deberá abordarse con la WNBPA. La organización ya ha reclamado que el debate se desarrolle con respeto y sin convertir a las deportistas en protagonistas de una disputa política.
Ahora la WNBA afronta el reto de fijar unos criterios claros de elegibilidad sin alimentar todavía más la guerra cultural. El debate ya ha llegado hasta los despachos de la competición y obliga a la liga a tomar posición sobre una cuestión que hasta ahora no estaba definida. La WNBA tendrá que buscar un equilibrio entre inclusión y competencia mientras intenta que la discusión sobre quién puede jugar no termine eclipsando al propio baloncesto.
