Los pintxopotes solidarios nutren la recta final de las fiestas de La Blanca

Gasteizko Margolariak, aparte del concurso Margotxef, organizó este sábado uno en la Virgen Blanca a favor de Talur, y Siberiarrak con Akelarre otro en la plaza del Arca para Los Olvidados de Miranda

Los pintxopotes solidarios nutren la recta final de las fiestas de La Blanca. Este sábado, en su penúltima jornada, tres cuadrillas lo hicieron, con el apoyo de DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA. Una de ellas era la de Gasteizko Margolariak, que aparte de su popular concurso de cocina Margotxef, dirigido a menores de 6 a 12 años, ofreció su ya clásico chorizo a la sidra que suele cocinar la ama del presidente de su cuadrilla, Aitor González, ‘Txapata’.

Este año este volvió a ser su plato estrella sin que hubiera contratiempos de por medio “porque el año pasado casi se le olvida y estuvieron cocinándolos a contrarreloj. La víspera le envié un mensaje para avisarle, por si acaso”, reía al recordar la anécdota Leire, neska de esta cuadrilla.

En imágenes: VII Margotxef, actividad gastronómica para niños y niñas organizada por la cuadrilla Gasteizko Margolariak
Stuart MacDonald

Respiro familiar

Todo sea por una buena causa. En este caso, para ayudar a Talur, asociación de ocio y tiempo libre para personas con discapacidad de Álava, que, entre otras cosas ofrece Arnaslekuak, de viernes a domingo. Es un servicio de respiro familiar con el objetivo de facilitar la conciliación y ofrecer un tiempo de descanso, tanta para allegados como para las personas con discapacidad. Aparte, una vez al mes, hacen “sábados especiales”, que son salidas y excursiones, a petición de los participantes, y de lunes a viernes, actividades, de 17.30 a 19.30 horas, como piscina, yoga o terapia canina, entre otras.

Todas las ventas de ese pintxopote con chorizo a la sidra más el vaso de vino, por dos euros, iban destinados a contribuir a las mismas. Este año, lo hacían con el apoyo de los cabezudos de su cuadrilla, que siempre dan un ambientillo especial: Don Margolo, Doña Margola y su hijo Margolito.

“Damos alegría a la competición, aunque dan calor”, decía Oier, de 12 años, que llevaba al padre de esta familia de Margolitos.

Doble actividad

Lo hacían en la Virgen Blanca, junto a la carpa en la que una docena de niños participaba al mediodía en los dos platos que tenían que preparar para su certamen culinario.

Entre ellos, Irene y su compañero de clase Hodei, ambos de 13 años, que preparaban una ensalada bajo la atenta mirada de su ama Iratxe, que inmortalizaba el momento grabando un vídeo desde su teléfono móvil.

“Ella lleva participando varios años, por lo menos, tres. En casa le gusta también el salseo. Estas actividades están muy bien para que aprendan y salgan de las pantallas”, opinaba.

“Sí”, asentía el padre de Hodei, viendo desde la barrera si su hijo tenía mano o no para la cocina. “No sé si la tiene. Es el primer año que participa, pero está muy bien que lo intente”, destacaba.

“Ahora estamos haciendo una especie de salsa rosa para la ensalada. ¿Quieres probarla?”, preguntaban a DNA estos pequeños, con gran entusiamo.

Tortilla y gildas

En otra plaza del centro, en la del Arca, dos cuadrillas, las de Siberiarrak y Akelarre, hicieron piña para ofrecer un pintxopote solidario a favor de Los Olvidados de Miranda, encarga del rescate y protección animal.

“Esta clase de iniciativas ayudan a que tengamos más financiación para gastos veterinarios o para pagar las facturas de residencias, como la nuestra, que está en Nanclares, porque no tenemos refugio como tal”, declaraba Maitane, una de las voluntarias de esta asociación, junto a su amiga Idoia. 

La primera sujetaba a Margarita, una mestiza de pitbull, y la segunda a Maui, un macho, con mezcla de pastor, ambos abandonados en Sevilla, muy cariñosos y listos para adoptarse.

Marga apareció de cachorra por la calle y Maui, con las patas traseras, mal. Le han hecho pruebas y se ha descartado que sea por problemas neurológicos y puede hacer vida normal, pero queremos que le ayuden con la rehabilitación”, deseaban para mejorar su calidad de vida.

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Por su parte, Paula, neska de la junta directiva de Siberiarrak, concretaba en que consistía esta apetitosa alianza con Akelarre: “Nuestra cuadrilla pone la bebida, que pueden ser refrescos o cerveza (por dos euros) o vermú (tres euros), mientras que la de Akelarre, se encarga de la comida, que en este caso son pintxos de tortilla y gilda”.

El sol, otro ayudante

El intenso calor de esta jornada también ayudaba a ponerse en la cola de su furgoneta para refrescar las gargantas.

“Y también a que haya más gente en la calle. Está yendo superbien. Estamos muy contentos y también con cómo va la venta de boletos para el sorteo de premios. Este año, además, tenemos taller de pintacaras con Akelarre”, valoraba.

Y eso que muchos socios de estas dos cuadrillas lo dieron todo por la noche, “pero hay que estar a todo. Nuestros voluntarios tienen doble mérito. Han venido aquí trasnochados”, subrayaba esta neska.