Las txosnas de Gasteiz cumplen 44 años sirviendo unas fiestas participativas, autogestionadas y euskaldunes con una programación musical ecléctica y un genuino ambiente intergeneracional
A escasos 15 minutos a pie del centro de Gasteiz, al otro lado de las vías del tren, se levanta uno de los escenarios imprescindibles de La Blanca, un espacio donde disfrutar de un ambiente alternativo al programa oficial de las fiestas con más de cuatro décadas de historia.
Se trata de las txosnas, que este 2026, tras dos años de parón obligados por la pandemia del coronavirus, cumplen 44 ediciones de festejos participativos, autogestionados y euskaldunes, un tiempo en el que el espacio ha sabido renovarse, rejuvenecer y adaptarse a una ubicación, la zona de las universidades, que despertó muchos recelos cuando el exalcalde Alfonso Alonso obligó en el año 2002 a trasladar allí las casetas para construir el parking de la calle Luis Heinz.
Programación ecléctica, ambiente intergeneracional
El de las txosnas, cuya irrupción en la dinámica festiva en los años 80 estuvo marcado por el acoso institucional y la criminalización, no ha sido siempre un camino de rosas, pero ahora ya nadie podría entender La Blanca sin ellas.
Sin su ecléctica programación musical, sus variadas alternativas gastronómicas y su ambiente intergeneracional, sobre todo antes de que caiga la noche.
Un escenario principal al aire libre donde se desarrollan los conciertos más grandes de la programación de las txosnas y dos carpas componen el espacio donde se desarrollan los conciertos principales y las actuaciones de dj durante el ciclo festivo.
El recinto lo completan la carpa de Etxera, que también acoge pintxadas nocturnas y es la principal dispensadora de bocatas y raciones de patatas del txosnagune, y las casetas de siete colectivos más, IAS, Askapena, Errekaleor Bizirik, Hala Bedi Irratia, Iraultza 1921, Jardun y Mugimendu Feminista, donde también es posible encontrar un buen número de posibilidades para alimentarse y beber.
Ambiente intergeneracional, ayer jueves, en el txosngune. Pilar Barco
Ecuador festivo
Este viernes, en pleno ecuador de La Blanca, las txosnas van a celebrar su Gazte Eguna, siguiendo la tónica habitual de todas las ediciones festivas de dedicar cada jornada a un colectivo concreto: se subirán a las distintas tablas del espacio Maskak, Naxker o Sedientos de Cumbia, y la noche terminará en la carpa con la electrónica de Elena Barker y Beltranz en formato b2b.
Ayer jueves, Ikasle Eguna, en la gazte karpa caldearon el ambiente los vizcaínos Irten-Bide a golpe de guitarra, a los que siguieron en los distintos escenarios las variadas propuestas de Matah, que terminó dando bien de «zapatilla» al público asistente, Fatal o Süne.
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El ciclo festivo comenzó en el txosnagune por todo lo alto el martes 4. La carpa Etxera, de hecho, terminó prácticamente sin existencias en un momento dado de la noche.
Un día después, sin embargo, la cancelación de todos los conciertos en solidaridad con el colectivo de técnicos en huelga provocó que hubiese un «vacío histórico» en el recinto, según el testimonio de una asistente.
Ayer, repleto
Una estampa muy diferente a la de ayer, cuando el recinto estuvo repleto desde primeras horas, con las largas mesas exteriores de la entrada del recinto ocupadas y compartidas por distintas cuadrillas y familias, y el llenazo final propiciado por la trikitilari y exvocalista de Huntza y las gasteiztarras Rosa Mari a los platos.
Frente a la facultad de Letras, también ambiente de lujo en el recinto de txosnas alternativo al oficial, el gestionado por los colectivos GKS y Etxebizitza Sindikatua, que en su última jornada vivió su plato fuerte musical con las propuestas de Ke Lepo y Felix Buff, Ben Yart o los inclasificables Silitia.
