En las montañas y en la cocina, así como en la visita de la gente

Tendencia de los últimos años: la importancia del turismo

Lejos de Vitoria-Gasteiz, los restaurantes de los pueblos de Álava siguen una lógica particular: su actividad depende más de las condiciones meteorológicas, el calendario y los movimientos de ocio que de las costumbres diarias. Durante los días de semana, tranquilidad; los fines de semana, una multitud constante. Y entre ambos, una organización milimétrica.

Tipos de clientes que reciben los restaurantes

Marta López, responsable del restaurante Garimotxea en Urturi, lleva seis años trabajando allí. “Nuestros principales clientes son personas que vienen a hacer escapadas de ocio y a conocer la zona. Nuestro restaurante está abierto de martes a domingo, y si el fin de semana hace buen tiempo, la mayoría de la gente sale a la montaña.”

Entorno natural y fidelización de clientes

La cercanía del Parque Natural de Izki atrae visitantes a diario: montañeros, ciclistas y golfistas. Durante los días de semana, a menudo, el personal laboral viene a almorzar, pero, precisamente, mucha gente viene a aprovechar los días de vacaciones intersemanales. Además, el boca a boca es muy importante, ya que muchas personas conocen al responsable de la pizzería La Benta, Jon Laskibar. “Cuando abrimos nuestras puertas, a veces los visitantes vienen porque ven que es fácil salir de la autovía.”

Desafíos para los restaurantes

Los restaurantes llevan abiertos 26 años y realizan labores de diseño, pero el desafío es la llegada de clientes. La clave está en la apertura de este tipo de restaurantes en la zona, y Inma Martínez, responsable del restaurante Izki en Maeztu, explica que durante la semana su clientela se compone de huéspedes del hostal. “Los fines de semana sí se acercan más personas que vienen a conocer la zona o a pasear por el Parque Natural de Izki: ‘Los fines de semana trabajamos más bajo reserva, porque a horas punta se llena de montañeros o gente que nos conoce por el boca a boca’. Durante la semana el ritmo es más tranquilo. ‘Viene gente de paso, ya que estamos cerca de la carretera o grupos de montañeros, pero entre semana nuestros clientes son en su mayoría huéspedes’, explica Martínez de Lahidalga. El establecimiento lleva abierto desde hace 26 años y, aunque en general ‘funciona bien’, su mayor problema es encontrar personal. ‘Al final estamos en un pueblo y sabemos que es difícil encontrar a alguien que pueda desplazarse hasta aquí para trabajar’, explica la responsable.